III Congreso DoFemCo ¿Qué me llevo a la escuela?
Por Mar Oliver Mogaburo. Maestra e integrante de DoFemCo

Los pasados 21 y 22 de febrero, DoFemCo congregó a más de 240 personas con decidida voluntad de transformar la educación desde la raíz. “La coeducación frente a la violencia contra las niñas y las mujeres” fue el título-objetivo que nos reunió en un espacio en el que se respiró erudición y compromiso a partes iguales.
Este patriarcado del terror, que intenta capilarizar la agenda queer y la violencia sexual neoliberal a través de digitalandia e incluso nuestras escuelas, no contaba con nosotras. El Auditorio Campus Fundació en Mollet del Vallés estaba hasta la bandera de mujeres feministas y mucha resistencia.
Soy maestra rasa. Fui hasta Mollet a recoger “munición” para la lucha desde el centro educativo en que trabajo, y vaya si lo conseguí; cada palabra dicha, cada nota registrada en mi cuaderno constituyen todo un “arsenal” de esperanza para una coeducación real.
Aparece en primera página el subrayado de una cita de Amparo Tomé, “tiranía de los géneros”, tras el que se enumeran tareas que me encomienda mi maestra; “visibilizar a las mujeres, vigilar el currículo oculto y el lenguaje sexista, inyectar emociones (ternura) en los niños…”. El cambio de paradigma está claro, y ya lo recogía el lema del congreso, “protege ta fille; éduque ton fils” (no protejas a las niñas; educa a los niños). Tomé insiste; “no podemos hacerlo solas”.
Llevo un recordatorio de Ana Hidalgo, presidenta de DoFemCo; releer y reestudiar La coeducación secuestrada, imprescindible texto de investigación que abre los ojos a una realidad impuesta, con el rosa y el azul utilizados hasta el delirio como instrumentos de consumo y dolor. También me llevo el quehacer de repasar los recursos e investigaciones alojadas en la web de DoFemCo: artículos, guías coeducativas y otros documentos esenciales para la docencia y la investigación.
Arrastro hasta mi escuela la larga lista de violencias a las que están expuestas nuestras criaturas desde todos los contextos posibles e imaginables. Laura Hedo y Jessica Fillol me ayudaron a concluir que es imperativo reescribir el Reglamento de Organización y Funcionamiento y el Plan de Convivencia de mi centro, teniendo presente tanto la violencia estética y sexual, que presiona a nuestras niñas a “elegir libremente” ser objetos consumibles y desechables, así como el lenguaje y códigos de la machosfera, que invitan a nuestros niños a crecer en la misoginia y la falta de empatía que persigue en ellos el patriarcado. Dos escenarios, para ellas y para ellos, que confluyen en una misma respuesta coeducativa que rodeo en mi cuaderno triplemente, “trabajar en grupos segregados, para que hablen con libertad, y más tarde compartir conclusiones”.
Anoto además una tarea apremiante; elaborar un protocolo de detección y actuación ante el Abuso Sexual Infantil específico. Los oficiales no se cumplen, las cifras de víctimas son insoportables y la formación docente casi inexistente. Debo conseguir que todo el claustro sepa qué hacer, para que las víctimas sean tratadas con rigor, empatía y todo el amor que el patriarcado les niega. Amelia Tiganus, Rosa Urien y Alicia Boluda, tres expertas a las que recurriré sin lugar a dudas para este cometido.
Me llevo la valiosa recomendación de Najat El Hachmi, confrontar machismo y racismo en el aula; “¿cómo ves tan claro tus heridas de opresión por ser ‘moro’ y no eres capaz de ver las de tu hermana por ser niña?”
Duele, por realista, una aseveración que hizo Amparo Mañés desde el público, aunque la tomo como un desafío, “la educación informal está ganando la partida a la formal”. ¿Cómo revertir esta realidad que lamentablemente comparto? Quizás encuentre la respuesta en la revisión de la ponencia final de Silvia Carrasco, “Acuerdos mínimos para una Agenda Coeducativa” (publicada en la web de DoFemCo), pero, para concluir, sin duda me apunto a la idea de mi compañera Mari Cruz Garrido; el próximo y IV Congreso DoFemCo ha de venir cargado de propuestas útiles que respondan a todos los “cómo” repetidos desde la grada del auditorio.
Capitalizo, para concluir, las más que celebradas 24 ponencias y comunicaciones de, éstas sí, “alto valor”.


