Un golpe de realidad: las coeducadoras frente a la violencia contra las niñas
Reproducimos aquí el artículo de nuestra compañera María Loureiro “Un golpe de realidad: las coeducadoras frente a la violencia contra las niñas” publicado en El Común el 23 de marzo de 2026.

Dudo que nadie que asistiera al pasado III Congreso Internacional DoFemCo celebrado los días 21 y 22 de febrero bajo el lema La Coeducación frente a la Violencia contra las Niñas y las Mujeres saliese indiferente. El mensaje transmitido por Docentes Feministas por la Coeducación fue absolutamente demoledor. La violencia que se ejerce sobre las niñas y las mujeres es abrumadora, se manifiesta de múltiples formas, aumenta de forma alarmante y, lo peor, penetra profundamente en la educación que, lejos de ser una barrera ante la desigualdad y la violencia, se está utilizando para extenderla y naturalizarla. El objetivo de DoFemCo es precisamente darle la vuelta a esta situación: se necesita poner en práctica de manera urgente una agenda coeducativa en todos los niveles y entornos educativos que trabaje por la erradicación de la cultura patriarcal y de la violencia contra las mujeres y las niñas.
Es una tarea titánica, casi utópica, pues la escuela no es una burbuja aislada. Al contrario, absorbe la cultura de la sociedad en la que está inmersa, una cultura individualista, esencialista y neoliberal dirigida por un sistema capitalista voraz. Como en este sistema priman los intereses económicos sobre cualquier otro, no se educa a niñas, niños, adolescentes y jóvenes para la construcción de un sistema democrático que respete los derechos fundamentales, sino para conseguir en los individuos la asimilación de una dominación invisible y sutil. Así se naturalizan relaciones de subordinación que se aceptan como naturales, que modelan cómo pensamos y actuamos y que legitiman las jerarquías manteniendo el “orden social”.
En el congreso se ha expuesto, entre otras cuestiones, cómo desde la educación se está negando la realidad material del sexo y se está sustituyendo por ideas irracionales y anticientíficas en un proceso de captación dogmática que impulsa la explotación médica “de género”; cómo se está presentando la explotación sexual como un trabajo como cualquier otro, blanqueando la violencia pagada como algo inevitable e incluso “empoderante”; cómo se está introduciendo una educación sexual que encamina a las jóvenes hacia la sometimiento, la desigualdad y la violencia; cómo se romantiza bajo preciosas palabras como “altruismo” o “diversidad familiar” la explotación reproductiva; cómo las niñas interiorizan la hipersexualización y pornificación desde edades tempranas; cómo la literatura y medios culturales dirigidos a las adolescentes reproducen los roles de sumisión ante los hombres; cómo crecen las redes de hombres incels que extienden un relato que después se reproduce en las aulas y patios; cómo se disfraza de “cultura” y de “respeto a la religión” el control patriarcal de las niñas de origen musulmán; cómo la escuela carece de protocolos y mecanismos adecuados para la prevención y actuación ante los casos de abuso y agresión sexual o de violencia de género en una desidia que denota lo poco que importamos.
Pero también se han ofrecido propuestas de cambio: libros para entender nuestro cuerpo y no disociarnos de él, materiales para desmontar bulos machistas, propuestas de desglose de estadísticas por sexo, de protocolos ante el acoso sexual, un llamamiento a la implicación de los hombres docentes, cómo desmontar el relato idílico del “trabajo sexual” y, sobre todo, una necesidad: nos hacen falta más y más recursos.
Muchas mujeres investigadoras y docentes lo están viviendo: duele más denunciar la violencia contra las mujeres que la propia violencia en sí, que pasa delante de los ojos de gente que ni se inmuta, pero incluso hay quien, en un mundo al revés, se siente agredido cuando se señala.
Vamos a contracorriente y, aunque sabemos que no es fácil, no cejaremos en nuestro empeño. En un contexto de brutal violencia simbólica y física contra las mujeres y las niñas, los centros educativos deberían hacer lo posible por la transformación, primero para que la violencia se vea, que deje de ser naturalizada, invisible, y que tanto las chicas como los chicos sean conscientes de la misma y no actúen como cómplices de la dominación, y después poniendo en práctica todas las herramientas posibles que contribuyan a su erradicación.
Gracias, DoFemCo, por dirigir la educación hacia allí. Vuestro trabajo pone en evidencia que necesitamos la implicación de las administraciones educativas, que deben convertir la Coeducación real en una política de Estado, y la intervención de todos los sectores políticos y sociales. Es imprescindible trabajar desde la educación si realmente se desea conseguir una sociedad igualitaria y libre de violencia contra las niñas y las mujeres.
Lista de reproducción del III Congreso Internacional DoFemCo


