25N La Coeducación en el corazón de la lucha feminista

III Congreso DoFemCo. Coeducación frente a la violencia contra las niñas y las mujeres

Las mujeres que formamos DoFemCo somos maestras y profesoras, catedráticas, doctoras e investigadoras. Nos unen nuestra profesión docente y nuestros principios feministas. En DoFemCo trabajamos cada 25 de Noviembre y cada día por una educación tranformadora: la coeducación. Pensamos que la coeducación es innovación educativa y renovación pedagógica y la única manera de educar que podrá frenar las inercias que impiden los cambios necesarios para que sea posible erradicar la violencia machista.

Nuestro III Congreso DoFemCo –que se celebrará en Mollet del Vallés los próximos 21 y 22 de febrero– tiene como título “La coeducación frente a la violencia contra las niñas y las mujeres” porque la violencia, históricamente el mecanismo por excelencia de sometimiento de las mujeres, reviste en la actualidad unas dimensiones escalofriantes por su ubicuidad e imparable rearme a través de sistemas de creciente crueldad y deshumanización.

El análisis y la reflexión sobre la violencia son necesidades feministas de primer orden y eso es lo que nos proponemos hacer en el III Congreso DoFemCo. La acción feminista hoy día ha de pasar por conocer e investigar cómo la violencia machista en todas sus formas se reproduce en las aulas y centros escolares porque en los entornos educativos hallaremos gran parte de los mecanismos de perpetuación de la desigualdad y, al mismo tiempo, suponen el lugar idóneo en el que intervenir para contener y neutralizar el asedio patriarcal al que asistimos.

Podemos partir de una pregunta esencial: ¿para qué educamos? Quienes nos dedicamos a la enseñanza en todos sus niveles y áreas educamos para que niñas, niños y jóvenes vivan en el presente una vida buena, para que sean en el futuro gente de bien, para que desarrollen capacidades con las que contribuyan a una sociedad más justa e igualitaria. Educamos para que las generaciones venideras construyan un mundo mejor. ¿Cómo encaja, entonces, en ese ideal, el desprecio que sistemáticamente se hace de la coeducación? La educación para la igualdad debiera ser en la actualidad el foco del activismo feminista, ese empeño emancipatorio que pretende que niñas y mujeres vivamos una vida mejor. ¿Cómo vamos a transformar el mundo si no cambiamos la educación?

Crecen niñas y niños en una sociedad que desprecia profundamente a las mujeres. La invisibilización de las mujeres, su infrarrepresentación en todos los ámbitos de la vida política, social y cultural y el androcentrismo galopante están tan incrustados en el imaginario colectivo que las criaturas aprenden muy pronto que ser una niña y ser una mujer es algo mucho menos valioso, peor.

Niñas y niños se socializan en el seno de grupos humanos en los que la violencia contra las mujeres es tan familiar que pasa desapercibida. Las decenas de asesinatos de mujeres cada año –y de menores por violencia vicaria– y las miles de órdenes de protección a mujeres son tan cotidianas que se normalizan. La prostitución y la pornografía forman parte habitual de los paisajes tanto urbanos como digitales que frecuentan jóvenes a edades cada vez más tempranas. Las noticias sobre crímenes machistas, sobre manadas y Pellicots, son tan repetidas que suenan ya a ruido de fondo del que se abstrae la atención. La convivencia con estos fenómenos fruto de la misogina es tan rutinaria que oculta la aberración que supone su mera existencia.

Gran parte del desarrollo físico y mental de chicas y chicos ocurre a través de pantallas, en una maraña audiovisual que les bombardea con millones de imágenes de un universo misógino y pornificado. La violencia lo impregna todo y la violencia contra las mujeres es el ingrediente que nunca falta, tome la forma que tome: los feminicidios, la prostitución, la hipersexualización de las niñas, la violencia estética, la normalización de la violencia sexual, la explotación reproductiva…

En este panorama lacerante para la justicia social en general y para los derechos de las mujeres en particular, niñas y niños se educan en una escuela que en teoría y sobre el papel debería garantizar la igualdad de oportunidades y compensar las inequidades que se dan fuera de ella pero que de hecho y en la práctica no hace más que acompañar y alimentar la terrible inercia del sexismo y el machismo que prevalecen en todas partes.

Si la educación constituye los cimientos de los grupos humanos, la coeducación, la verdadera coeducación, debería ser la clave de la refundación de los pilares sobre los que se erigen las sociedades patriarcales, es decir, todas las sociedades. Para que la incorporación de las niñas a la educación –que ya reclamaron las ilustradas y las sufragistas como condición sine qua non– no consista en su mera presencia en un sistema educativo de base patriarcal –y por tanto misógina–, es necesaria una mirada coeducativa, aquella que convierte la educación para la igualdad en el antídoto contra la violencia y las injusticias, aquella que cuestiona y transforma el androcentrismo y el machismo que permean los centros escolares y los convierten, como los han convertido siempre, en replicadores de todo lo que no nos gusta de la vida fuera de la escuela.

Es una misma lógica machista la que opera en toda violencia: el acoso escolar es resultado del aprendizaje de la crueldad contra quien es aparentemente más débil; los abusos sexuales infantiles –ante cuyas cifras crecientes los poderes públicos permanecen impasibles– son la manifestación más execrable de la dominación violenta de menores. Hay una conexión íntima, ineludible, entre todas las formas de violencia ejercida hoy contra niñas y mujeres y los estereotipos y roles de género que se inoculan en las mentes y en la emocionalidad de niñas y niños desde antes de nacer.

Sólo con coeducación seremos capaces de revertir la deriva misógina en que avanza el mundo en que vivimos, el que vamos a dejar a las siguientes generaciones. Este 25N emplazamos a todas las mujeres y organizaciones feministas a asistir a nuestro III Congreso DoFemCo. Abordaremos críticamente la realidad actual de la violencia contra las niñas y las mujeres en todas sus manifestaciones –las ya muy conocidas y las nuevas– para seguir construyendo y exigiendo la coeducación que queremos, una coeducación que permanezca en el corazón de la lucha feminista.


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