El sexo es binario. Por una educación basada en el rigor científico.

Los materiales educativos anticientíficos

Desde hace varios años, y cada vez más, estamos observando cómo están entrando en todos los niveles educativos contenidos que contradicen la evidencia científica en relación con la naturaleza del sexo. Esta introducción se produce a través de guías educativas, materiales, charlas y actividades extraescolares, organizadas en general por colectivos y asociaciones externas a la educación, pero también por profesorado e incluso las propias administraciones educativas.

Algunas de las ideas que se transmiten en los centros educativos son: negar el binarismo del sexo e, incluso, su propia existencia, afirmar que el sexo es un constructo social y que se «asigna al nacer», mostrar el sexo como un espectro continuo entre hombre y mujer, aseverar que hay 6 tipos de sexo, afirmar que el sexo se encuentra en el cerebro, etc.

En la mayoría de estas guías, materiales y charlas se establece una confusión intencionada entre sexo y otros términos como género, identidad de género, expresión de género, orientación sexual, etc. Aquí mostramos algunos ejemplos de materiales de este tipo:

 

La naturaleza del sexo

Con la intención de que sea rechazada cualquier definición de sexo que no se base en el rigor científico, explicaremos brevemente cuál es actualmente la definición aceptada por la ciencia, en qué consiste y aportaremos algunos enlaces para ampliar información.

El sexo

Los seres humanos somos animales mamíferos y compartimos con todos ellos un sistema de reproducción sexual. La reproducción sexual es una estrategia evolutiva compartida por la mayoría de organismos pluricelulares en la que un nuevo organismo diploide se desarrolla a partir de la fusión de dos células haploides (con la mitad de información genética), una de ellas una célula grande e inmóvil (gameto femenino u óvulo) y otra pequeña y móvil (gameto masculino o espermatozoide). La combinación del material genético de dos individuos, uno del sexo femenino y otro del sexo masculino, para originar un nuevo individuo da lugar a una elevada variabilidad genética, contribuyendo a la evolución de la especie. Este hecho material observable en la naturaleza evidencia que la especie humana, así como otras tantas, es binaria.

El sexo femenino se define como el fenotipo adulto que produce los gametos más grandes en los sistemas anisógamos.
El sexo masculino se define como el fenotipo adulto que produce los gametos más pequeños en sistemas anisógamos.

La ciencia utiliza distintos términos para designar a los individuos de cada uno de los sexos de una especie.

Las hembras son los individuos de una especie con sistema de reproducción sexual que produce óvulos como gametos.
Los machos son los individuos de una especie con sistema de reproducción sexual que produce espermatozoides como gametos.

En el habla coloquial se han designado términos con los que hacer referencia a esta diferencia entre los organismos de una misma especie en función de su sexo.

Mujer es el término utilizando para nombrar a la hembra de la especie humana (sexo femenino).
Hombre es el término utilizado para nombrar al macho de la especie humana (sexo masculino).

El dimorfismo sexual se manifiesta a través de los caracteres sexuales primarios, el aparato reproductor y de los caracteres sexuales secundarios, características físicas como en la morfología (masa muscular, estructura ósea…) y fisiológicas como los ciclos hormonales, diferencias metabólicas, etc. El dimorfismo sexual determina el papel que podemos jugar en la reproducción de nuestra especie.

Una variación en la anatomía no significa que se pueda considerar el sexo como un espectro, solo significa que las personas, mujeres y hombres, pueden ser de muchas maneras. No hay ninguna mujer más o menos mujer que otra como no hay un hombre más o menos hombre que otro en función de su fisionomía, de su apariencia o de cómo se comporte. Tampoco es correcta la afirmación de que existen diferenciados el “sexo cromosómico, sexo gonadal, sexo hormonal y sexo anatómico”, tal y como aparece en algunos materiales educativos analizados. La definición de sexo es binaria y atiende únicamente a la función reproductiva.

Los cromosomas sexuales

El ADN, información genética codificada en pares de bases nitrogenadas, contiene las instrucciones genéticas para el desarrollo y funcionamiento de los seres vivos. Este material genético se encuentra en las células eucariotas que nos forman.

En el caso de la especie humana nuestras células diploides presentan 46 cromosomas organizados en 23 pares donde uno de los cromosomas del par proviene de la madre y el otro del padre.

El hecho empírico de la existencia de dos sexos se debe a la existencia de los gametos: los óvulos y los espermatozoides. Las hembras producen óvulos y los machos espermatozoides.

Los gametos son células haploides, con solo un cromosoma de cada par, que se combinan mediante el proceso de fecundación para formar una célula diploide, cigoto, a partir de la cual se desarrollará el nuevo individuo.

De estos 23 pares de cromosomas presentes en cada célula del cuerpo humano hay uno que es diferente en las mujeres y en los hombres. Se trata de los cromosomas sexuales también denominados alosomas y que difieren del resto de cromosomas. En los seres humanos, igual que en el resto de mamíferos, el sexo viene determinado por el sistema XX-XY. Las hembras presentan homocigosis en este par, es decir está formado por dos cromosomas iguales (XX); en cambio los machos presentan heterocigosis al presentar dos cromosomas distintos en el par 23, XY, siendo el sistema XX-XY un sistema binario. La presencia del cromosoma Y y la expresión de alguno de los genes presentes en este provocará durante el desarrollo embrionario el desarrollo de testículos.

Pueden suceder alteraciones en el material genético en diferentes etapas del desarrollo del individuo y que pueden afectar también al par 23. A pesar de que pueden existir alteraciones cromosómicas en este par, éstas no dan lugar a un tercer tipo de gametos: solo hay óvulos o espermatozoides, ningún gameto intermedio; solo hay hembras o machos, ningún tercer sexo. Tampoco existe en humanos el hermafroditismo, que corresponde a aquellos seres vivos que tienen un aparato mixto funcional capaz de producir gametos masculinos (espermatozoides) y femeninos (óvulos) y la capacidad de reproducirse con ellos. Esa circunstancia nunca ha sido constatada en humanos.

Cariotipos como XX, XY, X0, XXY, XYY o XXXY no son sexos, son conjuntos de cromosomas que codifican el desarrollo del sexo. El resultado final, incluso con cariotipos atípicos, es una hembra o un macho que presenta divergencias respecto a la media de individuos del mismo sexo. Esto se debe a que la determinación del sexo en los mamíferos es binaria.

Las condiciones DSD

El trastorno o variaciones del desarrollo sexual (DSD) es un término clínico utilizado para referirse a mujeres y hombres que presentan unas condiciones médicas determinadas relacionadas con el desarrollo sexual. Las personas pueden presentar variaciones cromosómicas atípicas y poco frecuentes como X, XXY, etc., también pueden presentar variaciones en la morfología genital, como hiperplasia suprarrenal en mujeres XX, pueden tener diferencias en la producción de hormonas o, de forma muy infrecuente, pueden tener trastornos en el tejido gonadal.

La mayoría de las personas con estos trastornos tienen una diferenciación sexual primaria normal y son inequívocamente mujeres u hombres, sin ninguna ambigüedad. Una alteración cromosómica como por ejemplo, XYY, o morfológica como, por ejemplo, la falta de útero, no invalida el sexo de la persona que la padece.

Muchas de las afecciones que desde el transactivismo se consideran intersexuales no son consideradas así por la medicina, como el síndrome de Klinefelter, el síndrome de Turner o la hiperplasia suprarrenal de aparición tardía. Estas condiciones no dan como resultado genitales ambiguos y, por lo tanto, no pueden considerarse intersexuales en ningún sentido clínicamente relevante.

Si bien todas las condiciones intersexuales pueden considerarse DSD, no todas las DSD son necesariamente condiciones intersexuales, que son aquellas en las que hay incoherencia entre los cromosomas y el fenotipo o en las que el fenotipo no es clasificable por simple observación como masculino o femenino y que representan solo el 0.018% de los nacimientos.

En muchos de los materiales educativos analizados se utilizan los trastornos del desarrollo sexual para negar la dicotomía de la sexualidad humana y presentarla como un continuo, definiendo la intersexualidad como una mezcla de sexos o un sexo intermedio para la “justificación” de un supuesto espectro, lo cual es profundamente anticientífico y una falta de respeto a las personas con DSD, a las que hay que ofrecer la atención médica que precisen y una aceptación de sus condiciones y diferencias.

El sexo no «se asigna», sino que se observa sin ninguna duda en el 99,98% de los nacimientos y se determina con un análisis cromosómico en el resto de los casos. Forma parte de nuestra biología.

Género

Según el Convenio de Estambul:

por género se entenderán los papeles, comportamientos, actividades y atribuciones socialmente construidos que una sociedad concreta considera propios de mujeres o de hombres.”

Esta definición aporta información sobre el carácter cultural de este término. El género funciona como un conjunto de normas (roles y estereotipos sexistas) que sustentan la jerarquía de los hombres sobre las mujeres, las cuales varían entre diferentes zonas geográficas así como en diferentes periodos históricos.

Tampoco hay ninguna evidencia científica de la existencia de una “identidad de género” innata y situada en nuestro cerebro que determine que somos mujeres, hombres o algo intermedio con independencia de nuestro sexo. No es ni objetivo ni verificable, sino que corresponde al ámbito de las creencias.

El neurosexismo es la creencia, carente de evidencia científica, de que las mujeres y los hombres se comportan de manera diferente y tienen aspiraciones y metas vitales diferentes en base a que presentan un “cerebro de mujer” o “cerebro de hombre”. Esta idea pretende ocultar que es la sociedad a través de múltiples herramientas (medios de comunicación, educación, sistema económico,…) la que moldea a niñas y niños para que se comporten de la manera que tradicionalmente se ha asociado a su sexo. También se defiende en algunos materiales educativos que una mujer puede tener “cerebro masculino” o un hombre tener “cerebro femenino” y que por ello no hay concordancia entre su sexo y su identidad de género.

Asegurar que hay una relación entre el sexo y la personalidad, la manera de expresarnos o nuestros gustos y aspiraciones es absolutamente anticientífico. No hay nada en nuestra biología que determine nuestros gustos o comportamiento, pues no son más que roles y estereotipos marcados por una sociedad sexista y que se deberían combatir.

Llamamiento urgente

Queremos hacer un llamamiento a la cordura y solicitar al profesorado de todas las materias y niveles la defensa del rigor científico en los materiales que utilizan en la educación del alumnado. Debemos impedir la difusión de creencias que niegan o reinterpretan el conocimiento científico para adaptarlo a ideas que carecen de objetividad y de evidencia.

El respeto y la aceptación de la diversidad son compatibles con la realidad y la evidencia científica. Defendemos que desde los centros educativos es necesario abordar el estigma, los prejuicios y las actitudes discriminatorias hacia personas trans y promover el respeto, del mismo modo que se promueve para todo el alumnado con independencia de cualquier condición, pero el camino no puede ser aceptar y difundir de forma acrítica teorías anticientíficas ni desatender otros tipos de discriminación y opresión, especialmente por razón de sexo.

En Dofemco defendemos la coeducación real en las aulas. Debemos educar a niñas, niños, mujeres y hombres para que sean libres en una sociedad igualitaria. No hay comportamientos, formas de ser, habilidades, gustos o personalidades propias de hombres o de mujeres. El sexo forma parte de nuestra biología y es inmutable y el género es una construcción cultural. Ni debemos comportarnos de una determinada manera por ser mujeres u hombres ni debemos considerar que nuestro sexo está “equivocado” por no encajar en los estereotipos socialmente impuestos.

 

Referencias


2 comentarios en «El sexo es binario. Por una educación basada en el rigor científico.»

  • el 11/02/2022 a las 03:07
    Enlace permanente

    He leído bastante sobre el tema y me parece muy importante plantear la visión científica del tema sin afán de excluir a nadie. Me parece que existe una tensión no resuelta con respecto al reconocimiento que hace el derecho internacional de los derechos humanos y la ciencia. En un afán y en coherencia con respecto garantizar la no discriminación, se abrió el reconocimiento de las personas transgénero, aspecto positivo en términos de respeto hacia ellas. El asunto es que, en función de proteger dicho reconocimiento y, siendo que hacer prevalecer el sexo registrado, en algunos países se ha anulado esta última categoría de descripción civil. Se abre entonces la tensión que menciono como no resuelta porque se anula entonces una categoría básica en el reconocimiento de las personas que es el sexo registrado determinado en función de la aclaración que ustedes brindan. Le sugiero revisar la opinión consultiva 24/17 de la Corte Interamericana de Derechos Humanos a efecto de comprender mejor lo señalado. A mi entender, se abre una contradicción dentro del Derecho Internacional de Derechos Humanos que deberá ser resuelta a la brevedad.

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